Resumen
El jardín hispano-árabe, a diferencia de los perso e indo-islámicos, adolece de la falta de documentación pictórica: la reconstrucción tiene que basarse en muestras de excavaciones, en ejemplos supervivientes y lo que nos proporcionan las descripciones contemporáneas. La quema de manuscritos árabes que siguió a la conquista cristiana confirma que las fuentes literarias que han sobrevivido van a ser escasas, y ni las alfombras persas del siglo XVIII que reproducen esquemas hortícolas en forma estilizada, ni miniaturas persas o mongoles que ilustran escenas de la vida áulica en exquisito detalle tienen un equivalente español. Los escritores sobre el tema suelen depender demasiado del aspecto actual de los jardines en recintos musulmanes, ignorando el hecho de que el jardín es por su propia naturaleza la más efímera de las formas del arte, bastando sólo una estación para modificarlo. En España la cuestión es aun más complicada al coincidir el descubrimiento de América con el mismo año de la caída de Granada, un suceso que fue decisivo para alterar la flora de Europa. No menos seria fue la italianización de los palacios y jardines andaluces bajo influencia renacentista en un proceso que borró la tradición indígena en menos de un siglo. Pasada la fase de negligencia en las ultimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX, cuando se abarcó la restauración de la Alhambra, las normas poco científicas de excavación que entonces prevalecían en la arqueología han dejado un legado caracterizado por la opacidad (como el saneamiento del Patio de los Leones llevado a cabo por Cendoya), y los jardines no tardaron en presentar síntomas cada vez más bizarros. Con el alboroto de la arqueología como ciencia de laboratorio, la situación ha mejorado sensiblemente, pero lo poco que conocemos de la morfología del jardín arábigo-andaluz está restringido a jardines de patio, que nunca hubieran sido más que una minoría del total; así que es posible que algún día se descubra un jardín que nos deje asombrados con sus asimetrías inesperadas. Sólo a través de la exploración sistemática de lugares virginales podremos aproximarnos a una imagen acertada, sitios como el ex convento de San Francisco en Granada o el legendario Hayr al- Zayyali en Córdoba ocupan un lugar que goza de una historia ininterrumpida de uso como jardín .

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