LAS MUJERES Y LA ALHAMBRA.
PRESENCIA FEMENINA EN ESPACIOS
POLÍTICOS, ARQUITECTÓNICOS,
PICTÓRICOS Y SIMBÓLICOS
WOMEN AND THE ALHAMBRA. THE FEMALE PRESENCE IN POLITICAL,
ARCHITECTURAL, PICTORIAL AND SYMBOLIC SPACES
BÁRBARA BOLOIX-GALLARDO
PROFESORA TITULAR DE ESTUDIOS ÁRABES E ISLÁMICOS EN EL
DEPARTAMENTO DEL ESTUDIOS SEMÍTICOS DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA
bboloix@ugr.es
Resumen: la Alhambra, como máxima expresión del paso de la dinastía nazarí por la historia, fue un en-
clave en que tuvieron presencia tanto hombres como mujeres durante la trayectoria del reino de Granada
(siglos XIII-XV). A pesar de su consciente «velación» historiográfica, estas últimas llegaron a tener un peso
considerable tanto en el desarrollo político como en la configuración espacial y estética de este palacio, cuyo
análisis y reconstrucción no deben ser posibles a día de hoy sin la aplicación de la perspectiva de género.
A lo largo de este trabajo, pretendemos identificar la presencia femenina fundamentalmente dentro de los
ámbitos político, arquitectónico, pictórico y simbólico alhambreños, con el fin de contribuir a un mejor
conocimiento de la importancia y de la huella que las mujeres nazaríes tuvieron y dejaron en este monu-
mento.
PalabRas claves: Alhambra, mujeres, política, arquitectura, cultura visual, poesía, estudios de género
abstRact: the Alhambra, as the main expression of the path of the Nasrid dynasty in history, was an en-
clave where both men and women were present during the trajectory of the kingdom of Granada (13th-15th
centuries). Despite their conscious historiographic «veiling», the latter had a considerable influence in both
the political development and the spatial and aesthetic configuration of this palace. Therefore, its analysis
and reconstruction are not possible today without the application of a gender perspective. Throughout this
paper, we will try to identify the feminine presence in the political, architectural, pictorial, and symbolic
fields at the Alhambra, in order to contribute to a better understanding of both the importance and the
mark that Nasrid women left in this monument.
KeywoRds: Alhambra, women, politics, architecture, visual culture, poetry, gender studies
cómo citaR / how to cite: BOLOIX-GALLARDO, B. Las mujeres y la Alhambra. Presencia femenina en
espacios políticos, arquitectónicos, pictóricos y simbólicos, Cuaderno de la Alhambra. 2020, 49, págs. 169-
185. ISN 0590-1987
CUADERNOS DE LA ALHAMBRA I núm. 49 I 2020 I págs. 169-185
Recibido: 19 octubre 2020 | Revisado: 2 noviembre 2020 | Aceptado: 12 noviembre 2020 | Publicado:24 diciembre 2020
ISSN: 0590 - 1987 I eISSN: 2695-379X I Depósito legal: GR 70-1965
Introducción
La historia de los Nazaríes, que rigieron el reino de
Granada desde el siglo XIII hasta finales del XV,
ha sido por lo general interpretada, reconstruida y
analizada desde una perspectiva eminentemente
masculina en sus distintas manifestaciones. Este
enfoque condicionó la versión sesgada que, duran-
te siglos y décadas, hemos tenido de su trayectoria
política, al haberse prescindido en ella de la aporta-
ción que las mujeres de esta estirpe realizaron. Du-
rante mucho tiempo no se han planteado grandes
interrogantes acerca de cuáles fueron los papeles
que en realidad aquellas ejercieron en el ámbito de
lo público y de cómo llegaron a influir en el desa-
rrollo de la dinastía nazarí a pesar de su gran tras-
cendencia, limitándose sus huellas a una serie de
referencias salpicadas accidentalmente en fuentes
y estudios que han sido, además, marginadas del
discurso histórico oficial y del proceso de interpre-
tación de los hechos
1
.
A pesar de ello, la implicación femenina en las di-
ferentes facetas emanadas de la historia nazarí (la
política, la diplomacia, la economía, etc.) es, a día
de hoy, algo innegable desde distintas perspectivas
1. Entre aquellos trabajos que sí han resaltado la aportación de
las mujeres a la historia nazarí y que han contribuido a su visi-
bilización, destacan por orden cronológico los siguientes: SECO
DE LUCENA, L. La sultana madre de Boabdil, Al-Andalus, 12/2
(1947), págs. 359-390. ALBARRACÍN NAVARRO, J. Un documen-
to granadino sobre los bienes de la mujer de Boabdil en Mon-
dújar, en Manuel González Jiménez (ed.), Actas del I Congreso de
Historia de Andalucía. Andalucía Medieval, Fuentes y Metodología,
Córdoba: Monte de Piedad, 1978, págs. 339-348. DE SANTIAGO
SIMÓN, E. Algo más sobre la sultana madre de Boabdil. En Án-
gel Sáenz-Badillos Pérez (ed.), Homenaje al Prof. Darío Cabanelas
Rodríguez, O.F.M., con motivo de su LXX aniversario, Granada: Uni-
versidad, 1987, I, págs. 491-496. RUBIERA MATA, M.J. La princesa
ima bint al-Amar, la "María de Molina" de la dinastía nazarí.
Medievalismo, 6 (1996), págs. 183-189. CHAROUITI HASNAOUI,
M. La intervención de la mujer en la vida política granadina du-
rante la primera mitad del siglo XV. En Francisco Toro Ceballos
y José Rodríguez Molina (coords.), Estudios de Frontera. Alcalá
la Real y el Arcipestre de Hita. Jaén: Diputación Provincial, 1996,
págs. 323-334. SALICRÚ I LLUCH, R. El Sultanat de Granada i la
Corona d’Aragó, 1410-1458. Barcelona: Publicacions de l’Abadia
de Montserrat, 1998. BOLOIX-GALLARDO, B. Revelando nuevos
vínculos familiares de la dinastía nazarí en el siglo XIII: Amat al-
Azīz y los Banū udayr de Crevillente, MEAH, 60 (2011), págs.
57-78. BOLOIX-GALLARDO, B., Las Sultanas de la Alhambra. Las
grandes desconocidas del reino nazarí de Granada (siglos XIII-XV).
Granada, Comares - Patronato de la Ahambra y el Generalife,
2013. BOLOIX-GALLARDO, B. Mujer y poder en el reino nazarí
de Granada: la sultana Fāima bint al-Amar, la perla central del
collar de la dinastía, Anuario de Estudios Medievales, 46/1 (2016),
págs. 269-300. SALICRÚ I LLUCH, R. Sultanas emergentes: visua-
lizaciones de la mujer musulmana en las fuentes cristianas, en
José Rodríguez Molina (ed.). VIII Estudios de Frontera. Mujeres y
fronteras, Jaén, Diputación Provincial, 2011, págs. 477-483.
IL. 1. Pepe Marín. Pórtico norte del Patio de los Arrayanes reflejado en la alberca (2016). APAG.
científicas, habiendo obligado a replantearla desde
una perspectiva de género indispensable para una
mejor comprensión de sus dinámicas internas. Si-
guiendo los presupuestos metodológicos de la his-
toriadora americana Joan Scott
2
, este enfoque no
solo resulta determinante en la reconstrucción de
una nueva historia de las mujeres, sino también de
una nueva historia –en este caso, la del reino na-
zarí de Granada– pues, parafraseando sus ideas,
«la inclusión de las mujeres en la historia implica
necesariamente la redefinición y ampliación de no-
ciones tradicionales del sentido histórico, de modo
que abarque la experiencia personal y subjetiva lo
mismo que las actividades públicas y políticas» y,
en ello, el género, como categoría de análisis, resul-
ta determinante.
La reconstrucción de la historia de la Alhambra y
el análisis de este palacio desde distintos puntos
de vista (arquitectónico, estético, etc.) ha adolecido,
por lo general, de dicha perspectiva, haciendo sal-
vedad de los conocidos trabajos de algunas inves-
tigadoras que han abierto líneas de investigación
tan necesarias como interesantes
3
. Conscientes de
la importancia de considerar el componente feme-
nino en el estudio general de este palacio, analiza-
remos a lo largo de estas páginas la presencia que
las mujeres nazaríes tuvieron en la Alhambra fun-
damentalmente dentro de cuatro ámbitos: político,
arquitectónico, pictórico y simbólico. Pretendemos
con este trabajo contribuir, en la medida de lo po-
sible, a concebir la Alhambra como un enclave en
el que se desarrollaron mundos femeninos muy di-
versos, identificando cómo la feminidad constituye
un rasgo esencial en la configuración tanto históri-
ca como estética y espacial de este palacio nazarí, en
cuyo estudio reclamamos la aplicación constante de
la perspectiva de género (Il. 1).
Mujeres y poder en la historia de la Alhambra
La política, en sus diferentes manifestaciones, cons-
tituyó un campo en el que las mujeres de la dinastía
nazarí tuvieron una participación activa y conside-
rable. Por la propia idiosincrasia de la civilización
islámica en época medieval, esta faceta estaba ofi-
cialmente vedada al ámbito masculino, según re-
conocen a la vez que recomiendan varios tratados
políticos tanto andalusíes como orientales, de en-
tre los que encontramos el mejor exponente en el
compuesto por el visir y secretario de la Alhambra
Lisān al-Dīn Ibn al-Jaṭīb (m. 776/1374) bajo el título
de Al-Maqāma l-siyāsa (La sesión sobre la polí-
tica
). En este opúsculo, que dedicó al emir nazarí
Muammad V (755-760/1354-1359; 763-793/1362-
1391) con prácticos consejos sobre cómo gobernar,
definía de la manera siguiente al conjunto de las
mujeres (al-ḥuram) de un sultán [En lo tocante a
las esposas]:
«ellas son la tierra donde se plantan los hi-
jos, los arrayanes del espíritu y el reposo del
corazón –fatigado por los pensamientos– así
como del alma –hendida por la autoestima,
hasta el punto de las intrigas y la censura–.
(…) Busca, pues, entre ellas la que aventaja a
las demás en la bondad de su carácter, la que
se muestra altiva independientemente de su
talla, siempre que [eso] no te perjudique en el
ánimo, para que sea [madre] de tus hijos (...)
Prohíbeles el hacerse guiños [entre ellas] y el
tenerse celos mutuos, así como la rivalidad
y la preferencia de las unas sobre las otras.
Pon paz entre ellas en los asuntos persona-
les, haciéndote el sordo ante sus demandas y
mostrando deferencia ante sus aprensiones.
Disminuye tus encuentros con ellas, lo cual
debe ser tu preocupación permanente y el
[guardián] bigotudo de tu harén, teniendo
intimidad con ellas [sólo] cuando reine el
2. SCOTT, J. W. El género: una categoría útil para el análisis histó-
rico, en Marta Lamas (ed.), El género: la construcción cultural de la
diferencia sexual, Méjico: Universidad Autónoma de Méjico, 2013
(4ª reimpr.), pág. 267.
3. En este sentido, destacan los trabajos, de sobra conocidos,
de Elena Díez Jorge sobre la arquitectura y las mujeres. Dado su
extensa cuantía, entre ellos mencionaremos únicamente los si-
guientes por limitación de espacio: Mujeres y arquitectura: mudé-
jares y cristianas de la construcción. Granada: Universidad de Gra-
nada, 2011 (versión en inglés: Women and Architecture: Christian
and Mudejar Women in Building. Granada: Universidad de Grana-
da, 2011); Women and the Architecture of al-Andalus (711-1492):
A Historiographical Analysis, en Therese Martin (ed.), Reassessing
the Roles of Women as “Makers” of Medieval Art and Architecture.
Leiden-Boston: Brill, 2012, I, págs. 479-521.
cansancio y el tedio; y abstente [de ello] si tie-
nes mucho trabajo, ira, sueño o desgana por
la fatiga del día (…)
No repudies a ninguna mujer por consejo
ajeno ni por intrigas, ni le encargues asunto
pequeño ni grande»
5
.
A pesar de las recomendaciones oficiales de man-
tener a las mujeres ajenas a la política y de evitar
que la presencia femenina se inmiscuyese en el
plano gubernamental, la práctica distó mucho de
la teoría como demuestran diversos casos en los
que claramente distintas sultanas traspasaron el
umbral de su hábitat privado para adentrarse en
la esfera de lo público. La inestabilidad política de
la propia dinastía nazarí, integrada por un total
de veintitrés sultanes de los que al menos trece
murieron en crímenes organizados, junto al con-
texto bélico que constantemente envolvió a este
reino, fueron algunas de las circunstancias que
dejaron en bastantes ocasiones a las mujeres de
esta familia en primera línea de actuación
6
. Uno
de los motivos más determinantes de estas inter-
venciones femeninas era, sin duda, asegurar la
sucesión en el poder de sus propios hijos primo-
génitos o de otros candidatos de su propia des-
cendencia. Cabe, en este sentido, considerar el
gran peso que la maternidad tenía en la equipa-
ración jurídica y, por ende, también social entre
las diferentes categorías de mujeres integrantes
de un harén real, entendiéndose por harén (al-
ḥarīm o al-ḥuram
) al conjunto de féminas pri-
vado y privativo de un soberano que resultaba,
en consecuencia, prohibido (ḥarām) para otros
hombres
7
.
Los harenes constituían ante todo microcosmos fe-
meninos complejos al estar integrados, como suce-
día en el caso nazarí, por dos tipos de mujeres: por
un lado, aquellas nacidas en el seno de la propia fa-
milia reinante que eran consideradas «esposas legí-
timas» (zawŷ, plural azwāŷ) de los sultanes. Estas
eran, por lo general, primas paternas (bint ʽamm)
–aunque en algunos casos también maternas (bint
al-jāl
)– del soberano en cuestión, pues en todos los
niveles de la sociedad del reino de Granada se prac-
ticó con frecuencia la unión marital entre primos,
considerada preferencial en la cultura árabe-islámi-
ca por razones fundamentalmente de índole eco-
nómica, ya que la endogamia permitía mantener
el patrimonio familiar intacto dentro de la propia
familia. Por su alta consideración social, estas mu-
jeres eran consideradas nobles o ḥurras («libres»)
de nacimiento. Por otra parte, formaban también
parte del harén nazarí esclavas (ŷawārī, mamlūkāt)
destinadas a la procreación, mujeres por lo general
cristianas (rūmiyyas) procedentes del norte penin-
sular que eran traídas a Granada bien por la vía del
comercio de esclavos bien por el cautiverio en ex-
pediciones militares. Al darle un hijo al soberano,
estas concubinas (ummahāt al-awlād, literalmente
«las madres de los niños»)
8
alcanzaban el estatus
social de mujeres libres o ḥurras, pues si la mater-
nidad confería la libertad, ésta a su vez implicaba
lograr también la nobleza
9
.
A lo largo de todo el árbol genealógico nazarí, po-
demos computar con nombres propios un total de
unas 23 esposas legítimas y de 9 concubinas cristia-
nas documentadas en las fuentes árabes, las cuales
relatan con bastante explicitud las estrategias que
desarrollaron algunas de ellas para conseguir ase-
gurar a sus propios hijos en el gobierno tras el fa-
llecimiento o el destronamiento del emir reinante.
5. IBN AL-JAṬĪB. Al-Maqāma fī l-siyāsa, texto conservado en Al-
Iāa fī ajbār Garnāa. Ed. Muammad Abd Allāh Inān. El Cairo:
al-Širka al-Duwaliyya li-l-ibāa, 20014, IV, págs. 625-626. AL-MA-
QQARĪ. Naf al-īb min gun al-Andalus al-ratīb wa-ikr wazīri-hā
Lisān al-Dīn Ibn al-Jaīb. Ed. Isān Abbās. Beirut: Dār ādir, 1968,
VI, págs. 439-440, apud BOLOIX-GALLARDO, B., Las Sultanas de
la Alhambra, págs. 166-167.
6. Sobre este asunto, véase VIDAL CASTRO, F. El asesinato políti-
co en al-Andalus: la muerte violenta del emir en la dinastía nazarí
(s. XIV), en Maribel Fierro (ed.), De muerte violenta. Política, re-
ligión y violencia en al-Andalus (Estudios Onomástico Biográficos
de al-Andalus, 14). Madrid: CSIC, 2004, págs. 349-397, y, del mis-
mo autor: La Alhambra, como espacio de violencia política en la
dinastía nazarí, en José Antonio González Alcantud (coord.). La
Alhambra: lugar de la memoria y el diálogo. Granada: Comares,
2008, págs. 201-220.
7. Véase BOLOIX-GALLARDO, B. Los harenes del mundo islámi-
co medieval y su pervivencia romántica en el norte de África, en
Catálogo de la Exposición Odaliscas. De Ingres a Picasso. Granada:
Patronato de la Alhambra y el Generalife (en prensa).
8. BOLOIX-GALLARDO, B. Las Sultanas de la Alhambra, págs.
170-202.
9. Sobre estas consideraciones, véase ibíd., pp. 187-193.
Descendiendo al detalle, ilustraremos esta realidad
en el caso de una mujer emblemática de este hecho
que, aunque nacida en el siglo XIII, prolongó su es-
tela política hasta bien entrado el XIV: Fāṭima bint
al-Amar (m. 749/1349).
Los cronistas que nos hablan de esta mujer, aunque
siempre a la sombra biográfica de su hijo, nos la
definen como una «nobilísima dama emparenta-
da con los reyes [por los cuatro costados]», como
expresa el propio Ibn al-Jaṭīb (m. 776/1374)
10
,
pues era hija del emir Muammad II, hermana
de Muammad III y medio hermana del sultán
Nar
11
. Las trágicas circunstancias que rodearon su
vida la acabaron convirtiendo en una activa partíci-
pe de los asuntos dinásticos de la corte nazarí. Por
un lado, su padre, Muammad II, fallecía en el año
1302, mientras que su hermano Muammad III, a
quien debía de unirle una gran lealtad por ser am-
bos deudos tanto de padre como de madre (Nuzha),
fue depuesto por el hermano consanguíneo de am-
bos, el sultán Nar, en el año 708 (1309), fallecien-
do también dos años más tarde. Parece traslucirse
de las fuentes árabes que Fāṭima nunca estuvo de
acuerdo con este giro político, lo que explicaría que
desde Málaga –ciudad en la que residía con su es-
poso, Abū Saīd Faraŷ, arráez de esta plaza militar–
comenzase a planear junto a este el golpe de estado
que llevaría a su propio hijo, Ismāʽīl I, al poder de
la Alhambra.
Este viraje en la historia nazarí es digno de ser ana-
lizado en detalle tanto por las consecuencias como
por la gran significación que entrañó: Fāṭima era,
al igual que sus hermanos varones Muammad III
y Nar, hija del emir Muammad II; pero, a dife-
rencia de estos, su condición de mujer no le per-
mitía oficialmente ser ella misma transmisora de
capacidad de reinar, a pesar de descender también
directamente de la línea reinante legítima inaugu-
rada en el siglo XIII por el fundador de la dinas-
tía, Muammad I. A pesar de ello, a la muerte de
Muammad III la sucesión de dicha rama dinásti-
ca se hallaba en un callejón sin salida, pues este no
había dejado descendencia y tampoco se presagiaba
que Nar fuese a tenerla. Es por ello que Fāṭima se
erigió en continuadora de su estirpe, induciendo a
su hijo Ismāīl I a hacerse con el poder, hasta lo-
grar derrocar a Nar en 713 (1314). De este modo,
su primogénito protagonizó un fenómeno insólito
en la dinastía nazarí, y en una dinastía islámica en
general: el de subir al poder por vía materna y no
paterna. Este hecho fue analizado por M
a
Jesús Ru-
biera
12
, quien llegó a la conclusión de que
«la solidaridad social de los linajes granadi-
nos no estaba basada en la estructura uni-
lateral –agnática– del modelo árabe-bedui-
no sino bilateral, es decir, que los vínculos
cognáticos –por línea femenina– tenían
tanta importancia como los agnáticos –por
línea masculina– (…). Ahora bien, para que
el vínculo cognático tenga importancia es
necesario que las mujeres transmitan a sus
descendientes el honor y la nobleza de su li-
naje para que estos se sientan solidarios con
el mismo».
Realmente, la subida al poder de Ismāīl I, que ya
tenía suficiente madurez para ello al contar con 30
años de edad
13
, no puede entenderse sin esta clave
femenina, que explica cómo recibió su legitimación
política por parte de su madre que, a diferencia de
su progenitor, sí era descendiente directa de emi-
res. Aunque la historiografía árabe medieval distin-
guió esta nueva rama dinástica bajo la rúbrica de
la dinastía de Ismāīl» (al-dawla al-Ismāīliyya), en
realidad debería de haberse denominado «la dinas-
tía de Fāṭima» (al-dawla al-Fāṭimiyya) o, directa-
mente no haber recibido ninguna denominación,
pues ciertamente el sultán Ismāīl no era sino con-
tinuador directo de una línea ya asentada en el po-
der aunque por vía materna
14
.
10. Iāa, I, pág. 378; trad. BOLOIX-GALLARDO, B. Las Sultanas
de la Alhambra, pág. 66.
11. Sobre la vida y actuaciones políticas de esta sultana, véase
BOLOIX-GALLARDO, B. Mujer y poder en el reino nazarí de
Granada: Fā
ima bint al-Amar, la perla central del collar de la
dinastía (siglo XIV), Anuario de Estudios Medievales, 46/1, 2016,
págs. 269-300.
12. El vínculo cognático en al-Andalus, Actas del I Congreso de
Historia de Andalucía. Andalucía Medieval, Córdoba, diciembre de
1976, Córdoba: Monte de Piedad-Caja de Ahorros, 1978, I, págs.
121 y 123.
13. Había nacido en el año 677 (1279).
14. BOLOIX-GALLARDO, B. Mujer y poder, págs. 278-281.
ma fallecería durante el reinado de Yūsuf I, quien
no escatimó en rendirle los honores propios de un
emir, siendo sus exequias parejas a su dignidad y
a su enorme legado político. Así, al alba de un 7
del mes de ḏū l-ḥiŷŷa del año 749 (26 de febrero
de 1349) fallecía la sultana Fāṭima, con más de no-
venta años lunares de edad, siendo inhumada en el
cementerio real de la Rauda de la Alhambra, donde
ni sus propios hermanos (Muammad III y Nar),
ni su nieto Muammad IV –todos ellos sultanes–
habían recibido sepultura. Su vida sería recordada
en un sentido y extenso elogio fúnebre que Ibn al-
Jaib compuso y recitó en su honor como «un ca-
tálogo de moralejas y un epitafio de antepasados
[ilustres]» y su figura, como «la flor y nata del reino,
la perla central del collar [de la dinastía]»
19
.
Los espacios residenciales femeninos en la
Alhambra. Un palacio también para mujeres
La residencia oficial de las princesas nazaríes fue,
por excelencia, el propio recinto alhambreño, sede
del poder nazarí y morada de la dinastía. Sin em-
bargo, no todas las mujeres de este linaje vieron ni
vivieron la misma Alhambra. Recordemos que este
complejo fue conformándose de forma paulatina
desde el siglo XIII hasta el xv, razón por la cual las
sultanas nazaríes fueron, generación por genera-
ción, testigos de su gradual evolución constructiva.
Ello implica que las primeras mujeres de la familia,
aquellas pertenecientes al siglo XIII y del entorno
Las intervenciones políticas de Fāṭima se prolon-
garían en el curso de la historia nazarí tanto como
su propia descendencia. Ya sentada en la Alhambra
como madre de Ismāīl I, viviría el asesinato de este
en 725 (1325), hecho a partir de cual se intensifica-
rían aún más si cabe las actuaciones de esta mujer
en la esfera del poder de la Alhambra. En primer
lugar, ejerció la tutela política compartida de su nie-
to Muammad IV (725-733/1325-1333), nombrado
emir con tan solo 10 años de edad. La protección
que ejerció hacia el reinado de este último alcan-
zó su máximo exponente en su decisión de elimi-
nar del escenario político al visir Abū Abd Allāh
Muammad Ibn Marūq al-Ašʽarī, quien trató de
establecer «una dictadura personal aprovechando
la minoría de edad de Muammad IV»
15
. Cuentan
las crónicas cómo un día Ibn Marūq, que solía
entrar por costumbre en la casa de la abuela del
sultán (dār al-ŷadda/dār al-ḥūrra al-kabīra ŷaddat
al-sulṭān
) para consultarle a ésta sobre los asuntos
importantes de gobierno, fue asaltado en ella por
dos esclavos, que lo asesinaron delante de Fāṭima,
que debía de contar con más de 60 años lunares,
en la noche del día 2 del mes de muḥarram del año
729 (6 de noviembre de 1328)
16
. A pesar de ello,
poco pudo hacer esta sultana para evitar el falleci-
miento de su nieto, el emir, que murió víctima de
una emboscada en el año 733 (1333).
Fāṭima volvería a tomar las riendas del poder con
la subida al trono de su otro nieto, Yūsuf I (733-
755/1333-1354), proclamado siendo también menor
de edad y sin contar con la madurez suficiente como
para poder ejercer por sí mismo el gobierno pues,
como revela Ibn al-Jaṭīb
17
, no era capaz de tomar:
«nada de su patrimonio ni se ocupaba de
asunto alguno que fuese de su corte, así
como tampoco tomaba más decisión que so-
bre los alimentos que había sobre su mesa
de puertas para adentro de su alcázar hasta
que alcanzó la adultez».
Aunque las fuentes no son muy explícitas al iden-
tificar en qué se materializó la actividad política de
esta sultana en dicha época, María Jesús Rubiera
18
llegó a sugerir su posible participación en el plan
de construcción de los palacios de la Alhambra que
este soberano ordenó erigir, entre ellos el de Coma-
res. Sin embargo, dada ya su avanzada edad, Fāṭi-
15. MARTÍNEZ ENAMORADO, V. Granadinos en la Rila de Ibn
Baṭṭūṭa: Apuntes biográficos, Al-Andalus-Magreb, 11 (1994), pág.
218.
16. Sobre las fuentes árabes medievales que desvelan este hecho,
véase BOLOIX-GALLARDO, B. Mujer y poder, págs. 283-286.
17. Kitāb A
māl al-Alām fī man būyia qabla al-itilām min mulūk
al-Islām. Ed. E. Levi-Provençal. El Cairo: Maktabat al-aqāfa al-Dī-
niyya, 2004, pág. 305.
18. RUBIERA MATA, MªJ. La princesa Fā
ima bint al-Amar, la
“María de Molina” de la dinastía nazarí, Medievalismo, 6, pág.
188.
19. BOLOIX-GALLARDO, B. Las Sultanas de la Alhambra, págs.
66-67 y 267-271; BOLOIX-GALLARDO, B., Mujer y poder, págs.
288-292.
del primer emir, Muammad I (629-671/1232-
1273), pudieran habitar el núcleo de la Alhambra
más sobrio y primitivo, es decir, la zona castrense
de la Alcazaba
20
.
Con la subida al poder de su hijo y sucesor, Muam-
mad II (671-701/1273-1301), los horizontes alham-
breños se ampliaban conforme el reino se adentra-
ba en el siglo XIV. A este soberano se le adjudica,
de hecho, el haber comenzado a erigir la Dār al-
Mamlaka al-Sa
īda («la Casa del Reino Feliz»), es
decir, el Generalife; unas mejoras espaciales que las
mujeres de su tiempo –su esposa legítima Nuzha,
su concubina Šams al-uà, su hermana, la céle-
bre Fāṭima bint al-Amar y sus cuatro hijas– de-
bieron de presenciar y disfrutar en sus vidas coti-
dianas. Sin embargo, el árbol genealógico nazarí
era bastante amplio y requería de viviendas no solo
para los miembros de la dinastía sino también de
la familia extendida nazarí, entre los que estaban
también incluidas sus mujeres. Ello explica que
desde tiempos de Muammad II se procediese a
la elevación de las primeras mansiones reales de la
capital, Granada, tales como la casa de la Ŷannat
al-Manŷara al-Kubrà
(Huerta Grande de la Alman-
jarra –actual Cuarto Real de Santo Domingo–, en
cuyo solar han sido hallados recientemente los res-
tos de un palacio debido a este emir; la cercana Casa
de los Girones; o la vivienda que ya en época cristia-
na sería convertida en el primer Convento de San
Francisco, en las inmediaciones de la Alhambra
21
.
Espacios todos ellos en los que algunas mujeres de
la época pudieron habitar.
Bajo los reinados de Muammad III (701-
708/1302-1309) y de Nar (708-713/1309-1314),
ambos sin nupcias ni descendencia conocidas,
«esbeltas y elegantes edificaciones se alzaron so-
bre el recinto amurallado Norte de la Alhambra,
mostrando exteriormente su carácter de vivien-
das reales»
22
, siendo uno de estos ejemplos ar-
quitectónicos el llamado Palacio del Partal. Sería,
sin embargo, la llegada al poder del emir Ismāīl
I (713-725/1314-1325) lo que supusiera el engran-
decimiento de la Alhambra, así como el punto de
partida de un proceso edilicio que llevó al palacio
a su cumbre en pleno siglo XIV bajo los gobiernos
de Yūsuf I (733-755/1333-1354) y de Muammad
V (755-760/1354–1359; 763-793/1362-1391). Un
crecimiento arquitectónico que fue consecuencia
del esplendor que iba alcanzando la dinastía y que
tuvo también su reflejo en el aumento del sector
femenino en el árbol genealógico nazarí. Esto se
plasma en el hecho de que, desde tiempos del alu-
dido Ismāīl I, los sultanes de este linaje empeza-
ron a tomar más esposas y concubinas, así como
a engendrar más hijos e hijas, según reflejan los
textos, lo que puede interpretarse como un claro
indicio del poderío económico que había logrado
la dinastía. De hecho, es en tiempos de los emi-
res Ismāīl I y Yūsuf I cuando más concubinas
se registran en el árbol genealógico nazarí (tres y
dos, respectivamente, junto a esposas legítimas),
lo que debió de implicar una mayor necesidad
espacial en la Alhambra para poder acoger a más
miembros de la familia.
Sabemos, de hecho, que Ismāīl I construyó su
propio palacio, situado al oeste del Partal y donde
actualmente está situado el palacio de Comares
23
,
un recinto en el que, intuimos, pudieron residir
las mujeres de su entorno familiar. Estas debie-
ron de ser numerosas, pues no solamente hay
que considerar entre ellas a las tres concubinas
cristianas o rūmiyyas que tomó a lo largo de su
vida (Alwa –su preferida–, Bihār y Qamar), sino
también a la prole habida con cada una de ellas,
entre las que figuraban dos niñas, respectivamen-
te llamadas Fāṭima y Maryam, fruto de su unión
con la primera de estas esclavas
24
. Sin embargo, la
Alhambra debía de acoger también a las mujeres
de la familia extendida del emir, empezando por
su propia madre, la sultana Fāṭima, trasladada se-
20. Sobre la adaptación de la Alhambra como nueva sede del po-
der local granadino, véase BOLOIX-GALLARDO, B. Ibn al-Amar.
Vida y reinado del primer sultán de Granada (1195-1273), Granada:
Universidad de Granada – Patronato de la Alhambra y el Genera-
life, 2017, págs. 98-99.
21. FERNÁNDEZ PUERTAS, A. El arte, en Mª Jesús Viguera
(coord.). El Reino Nazarí de Granada (1232-1492). Sociedad, Vida
y Cultura. Volumen VIII/4 de la Historia de España dirigida por
Ramón Menéndez Pidal, Madrid: Espasa Calpe, 2000, págs. 196-
220.
22. Ibíd.
23. FERNÁNDEZ PUERTAS, A. El arte, pág. 224-225.
24.
IBN AL-JAṬĪB. Iāa, I, pág. 538.